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SALIR FORTALECIDOS DE LA CRISIS

15 de febrero de 2014

Salir Fortalecidos de la crisis. La experiencia del Teatro Real. Ignacio García-Berenguer

La palabra crisis se traduce al chino por WEI-JI. Está formada por la unión de dos grafismos que significan peligro y oportunidad. Tomas conciencia del peligro pero reconoces la oportunidad.

Hay que crear modelos con una cimentación fuerte para superar las crisis sucesivas. Hay que utilizar criterios cada vez más profesionales. El modelo del Teatro Real se basa en una financiación proveniente de cuatro aspectos: 30% subvenciones públicas, 30%patrocinio, 30% entradas, 10% Marca Teatro Real –que se conforma por la publicidad, el restaurante, los alquileres de los espacios, etc.-.

La ópera debe ser un elemento esencial en el apoyo y fomento de la cultura. El plan del Teatro Real persigue conseguir un espacio de ópera de referencia bajo criterios de calidad y excelencia en la programación artística. Para ello se quiere implicar a la sociedad civil, con las juntas de amigos, los patrocinios, los ciudadanos nacionales y los extranjeros.

La clave de esta actuación recae en el fomento del valor de la “marca Teatro Real”. Una idea de eficiencia que garantice la gestión de los recursos para garantizar la viabilidad de la institución. El objetivo último no es otro que el de profesionalizar la cultural.

El detonante del cambio de modelo es el cambio en las instituciones públicas. En el año 2009 las subvenciones públicas del Estado, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento descienden del 60% al 30%, es decir, de 27.700.000€ a 12.800.000 en 2014. A esto hay que sumarle un descenso del gasto y los recursos humanos de entorno al 50%.

Esto no es una medida inteligente para la ciudad pues se pone en peligro la existencia de la institución y esta revierte ingresos de forma indirecta en su entorno. Se ha estudiado que 1€ de subvención retorno fiscal 0.43 y que 1€ subvención genera 3.8€ del PIB – la peluquería, el taxi, la cena…-.

Ante esta situación se ha producido un apoyo de la sociedad civil, incrementándose su participación en el Teatro Real para suplir esta carencia. El problema fundamental de centrarse en la intervención del sector privado es que esta se puede agotar, pues no puede responder a la demanda creciente en las organizaciones que hasta el momento dependían del dinero público. Por otro lado el sector público puede competir también en la persecución por el capital privado una competencia que también puede hacer daño.

Lo que se ha buscado con esta reforma de la organización del Teatro Real es la autonomía financiera, política y artística, mediante la profesionalización de la cultura, algo que tuvo un gran apoyo de la sociedad civil.

Juan Matabosh

Qué sentido tiene que exista el Teatro Real.

Para empezar el de la difusión, pues existe una vocación de servicio a la comunidad. Si se necesita un teatro a la comunidad es porque queremos convertir la ópera en un bien social, liberarla del monopolio de una clase social.

Se apuesta por la integración gracias a una estrategia de imbricación de la ópera en el medio cultural. En el ámbito social se ha producido un cambio de calado en la comunidad a la que pertenece el debate, erigiéndose en el centro de un debate cultural. La estrategia se centra en fomentar que la ópera deje de ser una afición y pase a ser un hábito e una persona culta. En definitiva, se persigue integrar la ópera dentro del campo de los intereses de los aficionados.

El consumo de la ópera es genuinamente artístico.

Se busca la apertura. Enriquecer la experiencia personal la sensibilidad del público ante la obra, una sensibilidad ante la estética. En esta línea es fundamental enriquecer el repertorio del teatro con los compositores de nuestra época. Apostar por la dramaturgia contemporánea, pues se entiende que esto puede enriquecer la ópera y produce actitudes receptivas.

Que el espectador vuelva a descubrir la obra en vez de limitarse a recordarla.

Descubrir es volver a plantearse la obra, sentir lo que se escucha. Esta idea contrasta con el concepto de recordar, pues es meramente pasivo, algo que esta muy lejos de la experiencia artística. Esto vale tanto para el público como para los artistas. Como dio Tomas Mann, hay que evitar la costumbre.

Lo que llama usted tradición es su confort.

Un teatro público con conciencia pública debe poner la costumbre y la tradición como un activo del teatro, jamás en objetivo.

La Tradición se resume en la toma de conciencia del propio teatro y de la propia ciudad. No se habla en términos de mercado de conservación del público tradicional pues mantener las tradiciones no implica a ciencia cierta mantener al público.

Sensibilidad, pues detrás de un gran teatro hay una tradición que ha hecho grande ese teatro. Hay que entenderlo, analizarlo y ver qué se hace con ello. No se puede ignorar pero se puede alterar o variar el código. Hay un código asumido que se puede alterar de forma consciente para generar así un sentido nuevo. Esto es lo que debe saber el programador. Desmontar y reflexionar.

 

En definitiva, ¿Vale la pena que exista?

Valorar que exista la ópera es valorar que exista el ser humano. Sentimos, al margen de las necesidades materiales. Somos conscientes de lo que somos y de lo que sentimos, es lo que nos hace compartir experiencias. El arte es el único lenguaje que transmite la complejidad de la experiencia, como una realidad creada justamente para ser compartida por muchos. Una sociedad culta es capaz de expresar y compartir. Fuente de placer de sentimientos propios y compartidos, todo al servicio de la expresión.

En palabras de Mortier: “Si no construimos más teatros habrá que construir más cárceles.”

 

Manuel Martínez
*Co-editor Plastic Crowds

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